el excedente que lo cambia todo
sobre cómo el tiempo libre nace del excedente y por qué sin él no hay pensamiento, ni arte, ni cultura


La pregunta siempre es la misma. De dónde sale el tiempo para pensar. Para escribir. Para crear. Para filosofar. Durante siglos la respuesta fue brutalmente simple. No salía. La mayoría de la gente vivía al día. Comer hoy. Dormir hoy. Sobrevivir hoy. Cuando todo tu esfuerzo se va en no morirte, no queda espacio para imaginar nada más. Y sin embargo, en algún punto de la historia, algo cambió sin hacer demasiado ruido. No fue una revolución limpia. Fue una curva lenta, como un palo de hockey. Durante mucho tiempo casi plana. De repente, hacia arriba. La sociedad seguía siendo pobre en términos individuales. La mayoría no tenía dinero sobrante. Pero el conjunto empezaba a generar excedente. Infraestructura. Capacidad. Tiempo liberado. Ferrocarriles. Agua corriente. Ascensores. Transporte metálico en vez de madera. Industrialización avanzando sin pedir permiso. Migración masiva del campo a la ciudad. Ropa mejor. Camas mejores. Medicina menos primitiva. Nada de eso hacía rica a la gente de golpe. Pero cambiaba el suelo bajo los pies. Ahí aparece una diferencia clave. No entre ricos y pobres. Entre quienes viven sin margen y quienes empiezan a tenerlo. Un campesino hambriento no produce artistas. No por falta de talento. Por falta de oxígeno vital. Cuando todo tu día se va en sobrevivir, no existe el lujo de pensar en belleza, teoría, música o política. El agricultor moderno no es lo mismo que el siervo medieval. Uno trabaja dentro de un sistema. El otro estaba atrapado en él. Cuando surge un poco de excedente, aparece algo nuevo. Una clase intermedia. Gente que no pertenece a la élite, pero tampoco vive al borde de la inanición. Personas que pueden fallar una vez sin desaparecer. Personas que pueden dedicar tiempo a algo que no sea estrictamente productivo. Ahí nacen los escritores. Los pensadores. Los artistas. No porque la sociedad se vuelva más sensible, sino porque se vuelve menos asfixiante. Y por eso da esa sensación extraña cuando miras atrás y dices no ha pasado tanto y sin embargo parece que pasó todo. Porque el cambio no fue solo tecnológico. Fue metabólico. La sociedad empezó a respirar distinto. Y cuando una sociedad respira distinto, aparecen ideas que antes eran imposibles, no por censura, sino por hambre. El excedente no compra genios. Compra tiempo. Y el tiempo es el verdadero combustible de casi todo lo que luego llamamos cultura.